Iniciar sesión I Chat I Favoritos I Verificación cuenta correo

 

Inicio

Qué hacemos por usted

Los clientes opinan

Newsletter

Contáctenos


              



Conferencia/Felipe González
Las lecciones de un líder
No es secreto que las ideas de Felipe González son igual polémicas y profundas. A sus 1.200 escuchas en Bogotá les dio valiosas lecciones de liderazgo y capital humano. Lea aquí los apuntes que gestionhumana.com tomó para usted en su charla.


Por gestionhumana.com
5 de agosto de 2004
Tiempo estimado de lectura: 8 minutos

¿Cómo logró España sanear su economía, mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos y fortalecerse como la nación que hoy es? Son las preguntas que le han hecho a Felipe González desde que dejó la silla de presidente del gobierno español que ocupó por 14 años (1982-1996), y es la que ha respondido en los últimos ocho años en diferentes puntos del planeta. En Colombia lo hizo el pasado 22 de julio durante la conferencia* que dictó a 1.200 empresarios, académicos, estudiantes y representantes políticos de todas las corrientes.

Hoy González, ya jubilado “de júbilo”, como lo dijo en su charla, y después de haber sido uno de los líderes de mayor influencia e importancia mundial, se da el lujo de expresar con firmeza, aunque con reposo y buenas dosis de humor, sus aciertos y desaciertos, y de halarle las orejas a los latinoamericanos, y a los colombianos en particular, para ver si entienden que la paz es una condición necesaria para el progreso, se hacen dueños de su destino y emprenden el camino del desarrollo y de la modernización.

Ficha técnica

      Liderazgo
Este artículo cuenta apartes de la charla que dictó el ex presidente español Felipe González. Trata temas como liderazgo, capital humano, modernización y desarrollo.
 

Las cifras de su gestión hablan por sí solas. Cuando llegó al gobierno, su país tenía US$4.500 de renta per cápita. Cuando lo dejó, tenía US$15.000 y actualmente alcanza los US$22.000. Ellas cobran mayor realce vistas desde la perspectiva de un país como Colombia, donde esta es de US$1.850.

Para alcanzar estos niveles, España no descubrió alguna fuente de riqueza nueva, así como tampoco recursos naturales. “Por cierto, no conozco algún país que en los últimos 50 años haya descubierto petróleo, y eso, salvo en Noruega, haya contribuido al bienestar de los ciudadanos”, dijo. Entonces, ¿por qué se produjo esa transformación y se aumentaron los niveles per cápita a ese ritmo?

Su respuesta, tan elemental como profunda, fue: “La única variable estratégica que ha producido el cambio es el capital humano. Los españoles se creyeron que podían desarrollar su país como lo habían hecho los alemanes y otros europeos más adelantados que nosotros, y así lo hicieron”, señaló.


 
“Ahora que desaparece la amenaza del comunismo el único enemigo del capitalismo es el mismo capitalismo. Si fracasa va a tener poca capacidad de respuesta”.

 

Por supuesto, este apoyo al patrimonio intelectual que reposa en la gente no marchó solo. Estuvo acompañado de una serie de medidas tomadas para modernizar y desarrollar el país, para propiciar el crecimiento económico y la equidad, cumpliendo con una primera condición, como lo fue pasar de un estado dictatorial y centralista (herencia del gobierno de Francisco Franco) a uno democrático y descentralizado desde el punto de vista del reparto del poder.

Y, así, el “pacto por la respública” (por la cosa pública en España) al que se llegó significó el compromiso de los diferentes actores sociales para democratizar, modernizar y desarrollar al país partiendo de un acuerdo sobre asuntos considerados fuera de discusión, como modernizar la infraestructura física (vial, energética, etc) y social (salud, educación, etc.). Pero también hubo liderazgo, tanto del gobierno como de la sociedad, para que jugaran un papel importante en la consolidación de este proceso.

Para González, el liderazgo, desde la perspectiva de capital humano, es vital. No es solo una condición necesaria para un gobernante, que sin duda lo es, sino que es indispensable que lo desarrollen todas las personas, jóvenes, empresarios, empleados, profesionales, en fin, los ciudadanos que conforman una nación.

“He reflexionado mucho sobre el liderazgo”, expresó. “Las condiciones de realización del ser humano están implícitas en él y, claro, las voy a dar en pequeñas frases”. En su opinión, hay cuatro principios de liderazgo y así los describió:

  • Hacerse cargo del estado de ánimo de los demás. Para ejercer desde el liderazgo, la persona tiene que ser capaz de captar el estado de ánimo de los demás y, también, hacerse cargo de este. Esto significa tener sensibilidad y “cambiarlo”. Si es malo ese estado de ánimo, hay que hacerlo positivo, y si es bueno, hay que mejorarlo y optimizarlo. No estoy hablando de un líder político. Hablo de todas las personas: si uno quiere vender un “coche” y se encuentra con que al señor que se lo va a vender acaba de perder a su esposa luego de padecer de un cáncer y uno insiste, nunca será líder ni vendedor porque no se hizo cargo del estado de ánimo del otro.


  • Tener conciencia de “qué oferta es uno y qué valor añade a los otros”. Como ser humano o como parte de una organización empresarial, política, no gubernamental o musical, uno debe ser conciente permanentemente sobre qué oferta es y qué valor agrega.


  • Tener capacidad de compromiso. Debe ser un compromiso fuerte, el cual mientras menos mercenario sea, más satisfacción y placer dará. No digo que se trabaje gratis, pero de esta manera será un compromiso de liderazgo con la realidad. Los políticos y las personas en general que dicen “a cambio de esto hago lo otro” no tienen mucho futuro.


  • Ejercer el trabajo con impecabilidad. Uno no puede ser “chapucero”. Hay montones de gente, de diversa condición, que en el trabajo nos llenan de “chapuza”. Hay que buscar que el valor que uno añade a otros, lo agregue con impecabilidad. Hay que ver los “cuervos” que aguantamos, de gente solemne, de esa que incluso “solemniza lo obvio”.

Para González, la globalización y la revolución de Internet han cambiado las circunstancias por lo menos en dos cosas: el líder es un coordinador de equipos humanos y en dichos equipos puede haber gente más valiosa que el líder. Pero no solo eso, puede ser más sugerente, imaginativa y creativa. “Si el líder es capaz de mantenerse como tal, es porque respeta esa diferencia y no la machaca. Y si Japón lleva doce años en crisis, es porque allí no se admite que una buena idea se le ocurra a un subordinado”, agregó.
 
“La democratización de España ha ido acompañada de un proceso de modernización y desarrollo económico, social y cultural extraordinariamente importante”.

 

Aparece en este contexto también el concepto de competitividad cooperativa que no es otra cosa que competir cooperando y no de competir ocultándole al otro lo que uno sabe. “Hay que competir on-line: yo le cuento a usted lo que sé, usted me lo cuenta a mi y allá vamos, compitiendo, cooperando y mejorando, es decir, el resultado por excelencia de esa cooperación competitiva”.

Una nueva versión de la “caña de pescar”

Hasta aquí el tema de liderazgo. Pero vendrían muchos más en las dos horas de charla que mantuvo en vilo a la audiencia que para la ocasión convocó Legis y la Universidad de Los Andes, compuesta por académicos, políticos de derecha e izquierda (“tribu”, en sus propios términos, a la que él pertenece), estudiantes, escritores, dirigentes empresariales, en fin, personalidades como el ex presidente Alfonso López, el ex alcalde Antanas Mockus, la embajadora Noemí Sanín, María Emma Mejía, Tito Livio Caldas (fundador de Legis), Rudolf Hommes, Luis Carlos Sarmiento y Manuel Elkin Patarroyo.

Para nadie es un secreto que la personalidad de González es descollante y provocadora, y que sus planteamientos son igual polémicos y profundos. No en vano fue uno de los gobernantes más importantes del mundo a finales del siglo XX.

A su audiencia de Bogotá les habló de las bondades y limitaciones de la democracia, de la profunda crisis por la que atraviesa la política, de los retos que impone la globalización y sobre los temas a los que las naciones de América Latina deben poner más atención para no seguir rezagadas y para insertarse de manera adecuada en el concierto mundial.


 
“No hay un solo país que haya salido de la condición de emergente para ser desarrollado que no haya creado una sociedad de clases medias, o por decirlo de otra manera, que no haya redistribuido consistente y permanentemente ingresos”.

 

Pero también les habló del capital humano. Para él, hoy las personas deben ser entrenadas de manera distinta porque la sociedad que estamos viviendo es diferente.

Y hay varias razones por las cuales las cosas han cambiado. La revolución tecnológica que, por sus efectos, se denomina globalización, es una de las fundamentales. En sus palabras, ella no es otra cosa que un proceso de interdependencia creciente (aunque en la actualidad desequilibrada porque hay globalizadores y globalizados) y una revolución en la comunicación entre los seres humanos que ha eliminado las barreras de tiempo y espacio.

Este fenómeno relativamente nuevo ha cambiado el libreto para todos, incluidos gobernantes, empresarios y ciudadanos. En primer lugar, los países, en especial los latinoamericanos, deben ser concientes de que lo único que ahora “pueden gobernar es el capital humano, la seguridad y la justicia, ya que los movimientos de capital circulan por el mundo, no los controla nadie y simplemente los países son o no atractivos para los inversionistas”.

En este orden de ideas, por ello, la sociedad debe ser aleccionada de otra manera. Los gobernantes y empresarios en vez de invocar la legendaria y conocida parábola “no le des un pescado sino dale una caña y enséñale a pescar”, tendrían que decir: “Dale una caña para que pesque y enséñale, además, a intercambiar el excedente que logre en su jornada”.

Esto significa que hay que inventar un mecanismo que permita generar riqueza que produzca sobrante para, a su vez, redistribuirlo y aumentar la capacidad de desarrollo.

“No es muy heroico vivir del pescado que se saca para sobrevivir y alimentarse cada día. Es triste el destino de vivir del pescado que le dan a uno”, dijo. En otras palabras más acortes con los términos actuales, el tema del desarrollo no se soluciona con ayudas de pura subvención. Ellas son una exigencia moral cuando los niveles de pobreza son agudos, pero no son suficientes y mucho menos deben ser una pauta para que una nación realmente progrese.

La idea de que no resulta muy valioso vivir del pescado que se consigue a diario sin pensar en un sustento sostenible que ayude no solo al individuo sino a la colectividad en la que se desenvuelve, va unida a otro de los conceptos que el ex mandatario desarrolló: las personas deben dejar de ser demandantes y pasar a ser oferentes.

“Hay que entrenar a los ciudadanos, que en su definición son sujetos de derecho y de obligaciones”, afirmó. Y ¿esto qué significa? Lo explicó por partes. Por un lado, en América Latina hay un 85% de empresas que son pequeñas y medianas (Pymes) que a la vez dan el 85% del empleo y que desafortunadamente no tienen información suficiente sobre en qué va el tema de la globalización y cómo los afecta.

Estas empresas, a su vez, no pueden encontrar el capital humano que necesitan y no están en capacidad de formarlo. La sociedad se lo tiene que dar para su propia modernización. No tienen acceso al crédito y cuando lo adquieren es de formas tan onerosas que es difícil desarrollar el proceso de crecimiento y de desarrollo. “Solo se trata, dijo en irónico tono, del 85% de la estructura empresarial de América Latina y del 85% del empleo, pues las grandes empresas sin las cuales las otras no existirían, son el 15% restante”.
 
“La política es el arte de gobernar el espacio público que compartimos”.

 

Con estas ideas enlazó el tema de la necesidad de entrenar a los ciudadanos como personas que estén al tanto de la nueva realidad del mundo actual globalizado y, con base en este conocimiento, ayuden a construir el proyecto de país, empresa o familia que quieren para su vida.

Y ¿qué se les debe decir en ese entrenamiento? Que sean emprendedores de su propia vida. No que sean empresarios necesariamente pues este, en esencia, no es el problema. “Deben cambiar la mentalidad que hemos heredado desde siempre y que yo mismo he estimulado, de ser demandantes en lugar de oferentes. Cuando uno tiene un título debería considerarse formado. Pero para lo que se siente formada la mayoría de la gente con un diploma es para ser demandante de un empleo más cualificado, no para hacerse cargo de su propia vida como oferente”.

Se podría considerar que una persona, un colectivo, un pueblo, una ciudadanía están en buenos niveles de formación cuando son capaces de ofrecer cosas que añaden valor a los demás, y no solo de demandar cosas. En pocas palabras, de ser líderes.

De manera categórica dijo: “Una persona está formada solo cuando es conciente de que es una oferta que añade valor a los otros. Me da igual que sea una oferta musical, una ONG, una empresa o una oferta política. Lo importante es que tiene que ser conciente de cuál es el valor que agrega. Y no estoy hablando de mercado. Como decía Antonio Machado, porque todo necio confunde valor y precio". Y cerró esta idea con una buena dosis de humor: "Les digo a los jóvenes: si no son emprendedores de su vida, cuando a uno le salen canas y sigue siendo demandante para que alguien le resuelva la vida empieza a parecer ridículo. Se puede ser demandante hasta cierto punto, pero a partir de determinada edad uno empieza a ser demandado y no demandante”.

Y dos puntos más. La política, expresó, muchas veces crea pasividad porque hace proyectos para resolver el problema, no para comprometer a toda la gente en la solución. Pero también hay que hacer cambios en la universidad para que no sea una fábrica de títulos sino un centro de excelencia que entrene a las personas en saber qué oferta son para su país, la sociedad, la empresa en la que trabajarán y su familia.

Personas: variable estratégica

Formar ciudadanos también tiene implicaciones en el papel que un país como Colombia quiere jugar en el concierto mundial. Las razones son múltiples.


 
“La empresa tiene una identidad, unos intereses y va por unos objetivos. No hay pluralismo de ideas. Lo que hay son ideas diferentes que convergen en la misma identidad”.

 

Una de ellas es que los países desarrollados deben proteger su modelo económico pues hoy tienen una distribución de población invertida, con muchas personas mayores dependientes de gente que trabaje siendo joven. Pero dicha “pirámide de población es insostenible como no sea sobre la base de los flujos migratorios y de la gente joven de los países emergentes. El debate sobre los inmigrantes en Estados Unidos y Canadá está trasnochado pues ellos saben que no pueden sostener su modelo económico-social sin la inmigración mexicana y latinoamericana”.

Este es el punto que en opinión de González deben prestar atención también países como Colombia para mejorar su posición frente al mundo y para equilibrar la relación de dependencia (en la que estamos ahora) e ir construyendo la de interdependencia. “El capital humano en la era global es una variable que abre expectativas de futuro para una región emergente como esta y para el sostenimiento del modelo económico en el futuro”.

En estos países la discusión demográfica ya ha dejado de ser sobre la profusión de recurso humano, ni siquiera en África donde hay altas tasas de natalidad, y se debe centrar en cómo mejorar el capital humano.

“Si yo fuera mexicano, me ocuparía de los 50 millones de chavales y de chavalas de los que no va a poder prescindir el norte rico, tanto si se van para allá como si las inversiones vienen para acá, para sostener su modelo económico y social. Me ocuparía de eso en el sentido de mejorarlo. Optimizándolo, obviamente, estaría perfeccionando una oferta que sería cualitativamente mucho más estimable desde el punto de vista de la relación de dependencia o de interdependencia”.

En países de bajo nivel de desarrollo el asunto que se discute ya no es cómo detenerlo, pues su crecimiento no es el de antes y la población seguirá aumentando ya moderadamente. “Hoy el capital humano es una variable estratégica e imprescindible para el desarrollo. Este se debería tener en cuenta en la visión continental”.

 
Sabía usted que...

Un estudio hecho por Colciencias en 1999 encontró que la mayoría de profesionales sale del país con carácter transitorio, pero que el porcentaje de colombianos que afirma el no retorno definitivo al país, alcanza el 22%.

 

Por supuesto la empresa también tiene un papel importante que desempeñar. En sus palabras, si el estado se retira de la generación directa de productos brutos y de creación de riqueza –como lo hace ya desde hace rato dado el cambio copernicano en sus funciones propiciado por la globalización-, aunque preste servicios básicos, “toda la generación de riqueza está en manos de empresarios emprendedores”.

“Por tanto, los empresarios tienen una dimensión de responsabilidad personal, la de ser empresarios, tienen una cuasi sindical, la de “pelearse” con los políticos y de reivindicación frente a los que mandan, y social la de formar ciudadanos, la de pensar en el futuro del país del mutuo acuerdo, en el futuro de la región. No se trata solo de crear fundaciones, que eso está muy bien, sino de su rol en la creación de ciudadanía”, señaló

Así como lo fue su discurso y acciones cuando ocupó la presidencia, las palabras del ex primer mandatario fueron claras y contundentes en Bogotá. Las dijo con el conocimiento suficiente que le dan 14 años al frente de un gobierno y de más de 40 años de construir ideas desde la arena política. Su charla fue toda una lección de vida de un líder.

 
"Las políticas económicas deben ser pragmáticas. Su ideologización es un error".

 

* Evento realizado en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, de Bogotá el 22 de julio de 2004, organizado por Legis y la Universidad de Los Andes.







Documento sin título